sábado, 23 de junio de 2012

El tablero electoral

Rafael Bernabe, candidato a gobernador PPT.
Tomado de Periódico El Vocero
Hiram Guadalupe Pérez
Sociólogo y Periodista

Por más de veinte años, el Partido Popular Democrático (PPD) ha mostrado que es incapaz de ganar una elección sin antes persuadir a miles de electores que, sin sentir afinidad ideológica con su colectividad, ni mucho menos confiar en su capacidad para ofrecer el mejor de los gobiernos, han prestado su voto para frenar al Partido Nuevo Progresista (PNP).

El cálculo político tras esta realidad ha estado matizado, en la mayoría de los casos, por tres factores. El primero atiende a la aversión que siente una parte de la ciudadanía contra el liderato penepé por su vinculación a un historial de corrupción gubernamental, prácticas totalitarias, represión, intolerancia y estilos burdos.

Un segundo factor se inscribe en la intención expresa de un sector que ha asumido, en muchas ocasiones, que un voto a favor del pepedé contribuye a detener el impulso de las incansables huestes anexionistas, aunque ese mismo voto pueda ser interpretado, en el análisis a posteriori, como un endoso al estancamiento colonial.

Esta estrategia ha cobijado a muchos electores realengos, y otros tantos independentistas confesos, para quienes atajar el proyecto ideológico de la estadidad se ha convertido en su principal 

La tercera consideración pudiera catalogarse como una reducción simplista: “no hay nada más”. Esa afirmación, que se hace sentir con frecuencia, parte de una errónea percepción de los procesos políticos, reduciendo el tablero electoral a los únicos dos partidos que han gobernado el País por más de cincuenta años.

Es una opción ineficaz que responde a una visión confinada al juego del “quítate tú, pa’ ponerme yo” que nos ha traído hasta donde estamos.

Es, precisamente, en torno a ese “no hay nada más” que gravita la fórmula del miedo que insufla el pepedé como maniobra para pescar votos fuera de su, cada vez más, reducida militancia. Por eso, en la medida que el calendario nos acerca a los comicios de noviembre, escuchamos el retrueno de las voces del liderato de esa colectividad intentando, desesperadamente, convencer al electorado con su cantaleta del voto útil, como si más allá de su partido el mundo cayera en un abismo.

Esta semana, fue el propio candidato a la gobernación Alejandro García Padilla quien señaló, en una entrevista radial, su deseabilidad de que los nuevos partidos que figuran en la papeleta electoral de noviembre, a los que llamó minoritarios, no diluyeran “el voto de protesta” en contra del gobernador Luis Fortuño.

El racionamiento de este aspirante es que la derrota del gubernamental PNP sólo se garantiza votando por su colectividad.

Una respuesta acertada contra ese argumento la escuchamos inmediatamente del candidato a la gobernación por el Partido del Pueblo Trabajador (PPT), Rafael Bernabé, quien calificó las expresiones del insulso senador popular como “una invitación a autoflagelarnos”.

“Lo lamentable de esta situación es que como ambos partidos (PPD y PNP) no difieren en sus ideas políticas su única propuesta posible para sumar votos es la del llamado voto castigo y eso es un chantaje”, señaló el líder del pepeté.

No hay mucho más que decir. Revisemos las propuestas principales de estos partidos por los últimos años y confirmaremos que hemos estamos ante el mismo monstruo, pero con dos cabezas. Las diferenciaciones entre ambos son tan escasas que se diluyen.
Por suerte, los signos de los tiempos cambian y hoy el electorado tiene opciones para romper con el bipartidismo y comenzar a caminar hacia la construcción de un país más justo y 

Lejos de la cacofónica retórica de populares y penepés, están los candidatos del PPT y el MUS, que representan nuevas alternativas electorales que hay que apoyar. El pepeté, por ejemplo, se ha blindado con la candidatura de Rafael Bernabe. Ahí hay una opción real para quienes apostamos a un nuevo y mejor País.

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